Una tarde en la policía de Bangkok –

Antes de viajar a Tailandia me lo había estudiado todo. Inseguridades, choques culturales, alguna ley que afecte a los turistas y los timos más frecuentes. Jamás había leído algo como lo que vivimos la primer tarde en Siam; más precisamente en el subsuelo del centro comercial Siam Paragon.

Para ponerlos en situación, la cosa iba así.

Bangkok fue el primer destino de nuestro viaje por el Sudeste Asiático; nuestro porque viajé con mi mamá mano a mano. Corría el mes de Julio, más precisamente un Sábado que antecedía fin de semana largo, el calor húmedo de la capital Tailandesa, sumado al JetLag no nos tenía de buenas energías.

Viajábamos con el presupuesto acotado y mamá respondía a mi pedido de «mochileras por Asia«. Nos alojamos en un hostel cerca de la KaoSanRoad y decidimos pasar la primer siesta y horas de mayor calor, conociendo los centros comerciales (gigantes) del barrio de Siam al que llegamos en transporte público. Para que se den una idea que el viaje venía de ahorros y cultura lo más local posible.

¿Cómo pasaron de un centro comercial a la policía?

Y acá comenzamos la historia con un #TheRandomTip furioso. En el subsuelo del Siam Patagon (el centro comercial más famoso y recomendado de Bangkok) hay un Food Market Gourmet; donde podes encontrar todos los productos locales, novedosos, en formas de presentación originales y con probadores. Estábamos feliiiiiiiices paseando y probando todo por allí.

En una de esas postas; en la punta del pasillo había unas chicas con unos jugos de frutas exóticas, cuando nos quisimos ir a agarrar el producto, mamá da un paso para atrás, una tailandesa de unos 55 años, se enreda en sus piernas y se cae al piso.

Con un idioma tailandés nulo e ingles escaso, nos disculpamos, ayudamos a levantarla y le preguntábamos si estaba bien. Ante respuestas favorables, cada una siguió su camino y pensábamos que el accidente había llegado a su fin.

PERO NO, CLARAMENTE NO. Cuando estábamos en la fila para pagar, aparece la Tailandesa a gritarnos en Tailandés, valga la redundancia y como no le entendíamos; sacó una tablet del bolso que llevaba y nos empezó a culpar por haberla roto.

Cabe aclarar que la Tablet no encendía pero no tenía ni un solo rasguño, ni signos de la caída. Además de que no podíamos entender por qué nos culpaba a nosotros de ello; cuando fue un accidente. No teníamos culpa de que ella tenga su tablet encima ni tampoco teníamos evidencias de que funcionara antes de la caída, ni que se haya roto por algún golpe. La mujer expresaba haber comprado la tablet hace una semana, pero no tenía garantía. Todo muy raro.

La cuestión es que terminamos explicándole la situación al personal de atención al cliente del Market, con el inglés pobrisimo que teníamos.

La cosa que no quedó ahí, el paso siguiente fue dirigirnos hacia la oficina de seguridad del Centro Comercial donde tenían todas las imágenes que grababan las cámaras. Mamá y yo de un lado, y la mujer que se había caído con dos hermanas por otro. Para éste entonces ya habían pasados dos horas del percance.

Fuimos a la casa de Samsung con todo el personal de seguridad del centro comercial escoltándonos, para que nos den un presupuesto del arreglo. La tailandesa pedía que le compremos directamente una nueva, la cual se valuaba en 800 USD que claramente, no teníamos disponibles para tal fin.

Las cámaras mostraron lo que les relaté al principio pero como la mujer no paraba de acusarnos, el centro comercial decidió llevarnos a la policía porque «lo que ellos digan, será lo correcto». Y allí subimos, el encargado de RRPP del Centro Comercial, único ser humano que hablaba español (solicitado por nosotras) dos personas de atención al cliente, y uno de seguridad que llevaba un CD con la grabación de la caída. NO LES PARECE LOQUÍSIMO?

A éstas alturas mamá lloraba, yo encendida en bronca. Me tocó ir en la carrocería de la camioneta del centro comercial, junto a otros tailandeses que se filmaban dicho acto tan épico. Después me comentaros que creían que las tailandesas estaban locas, que estaban seguros de que la policía nos daría la razón y que todo terminaría como una anécdota.

Pero como se ha de esperar, no fue así. Fue nuestro el primer turno para explicarle al policía sobre lo acontecido. Él nos dio la razón y nos hizo salir de la sala para que las mujeres den su versión. Ellas (y de la bronca quiero decir estas) salieron sonrientes del despacho y acto seguido, el policía nos pidió 300 USD para reparar la tablet.

Mamá lloraba diciéndole que no tenía ese dinero, que nos quedaba un mes en el sudeste y que estábamos justas. Imaginen todo este escenario con diferencia de idiomas. Yo estaba convencida en no abonar nada, quería llamar a la embajada argentina, para que entiendan bien la situación y puedan explicarla como corresponde en español. Pero al ser Viernes ya de noche, y feriado el Lunes, amenazaban con dejarnos esos días en prisión. A lo que mamá rápido ofreció los únicos 100 USD que tenía en la billetera (y menos mal) para poder irnos. Fíjense el terrible timo que nos comimos que la tailandesa terminó aceptando ese dinero. El policía arrancó una hoja de un cuaderno y vaya uno a saber que escribió en tailandés pero nos lo hizo firmar y para dejar sentado el acuerdo tuvimos que hacer UNA FOTO ENTREGANDO EL DINERO A LAS MUJERES, si, ES REAL.

Llegamos a la conclusión de que el policía había arreglado una suma con las hermanas y por eso cambió de opinión tan rápido. Incluso le dijimos que nos lleven a nuestro alojamiento, porque a todo esto eran las 10.30h y no sabíamos a donde estábamos. Y atención, nos dió 100 THB para pagar un taxi de su bolsillo. Así que imagínense lo que habrá ganado él con este escándalo.

Una pena, fue la expresión más pronunciada. Una pena que así nos reciba Tailandia por una señora que no tenía nada mejor que hacer, que aprovecharse de turistas. Turistas que además, son la mayor fuente de ingresos del país. Turistas que deberían cuidar y darle buenas experiencias. Turistas que no pretendían volverse a casa con malos recuerdos.

Yo amé Bangkok y pude separar esa experiencia del resto vivida, pero a mamá todavía le queda un gustito amargo a dicha ciudad.

Creo que ni siquiera hace falta aclarar que no es de los timos más comunes, que no todos los tailandeses son corruptos ni que nadie cuida al turismo. Todo lo contrario, desde ese día en adelante no parábamos de rodearnos de gente buenísima.

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Les deseo más suerte que la nuestra y como consejito ¡caminen bien, siempre para adelante y ningún paso para atrás!

Guada.


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